Diversos
estudios científicos destacan que todos los estudiantes han tenido relación con
la violencia en la escuela ya sea como observantes, siendo ésta la más
frecuente, como agresores o como víctimas.

Según
Díaz-Aguado, Martínez Arias y Martín Seoane (2004), en un estudio llevado a
cabo con adolescentes, los agresores a la hora de resolver conflictos tienen
menor disponibilidad de estrategias no violentas, y, por otra parte, justifican
la violencia y muestran intolerancia con reacciones racistas, sexistas y
xenofobitas, no son empáticos, son muy vengativos y utilizan constantemente
conceptos como: chivato o cobarde, no se contentan con su aprendizaje en la
escuela y con la comunicación con el profesorado. En ese sentido, parece
existir una estrecha relación entre la tendencia a acosar a los condiscípulos y
la de hacerlo con el profesorado, y entre ambos problemas y la percepción de
haber sufrido tal tipo de situaciones en la relación con los profesores
(Mendoza, 2005). Sus compañeros los juzgan como arrogantes e intolerantes. Los
agresores normalmente forman grupos que realizan los mismos comportamientos
violentos.
Este
perfil se da mayoritariamente en la etapa adolescente (13-15 años) en los que
se experimenta una mayor dependencia del grupo de compañeros (Díaz-Aguado,
2004).
En
definitiva, para evitar la violencia entre alumnos, es importante que se
eliminen las situaciones de exclusión desde etapas tempranas, y proporcionar
valores de respeto, y empatía.
Entre
los estudiantes que son víctimas de acoso suelen diferenciarse dos situaciones
(Díaz-Aguado, Martínez Arias y Martín Seoane, 2004; Olweus, 1993; Pellegrini,
Bartini y Brooks, 1999; Salmivalli y otros, 1996; Schwartz, Dodge, Pettit y
Bates, 1997; Smith y otros, 2004):
- La víctima típica, o víctima pasiva. Son personas poco asertivas, con problemas de comunicación, comportamiento pasivo, inseguras, vulnerables, escasa autoestima, etc.
-La
victima activa. Son personas que promueven aislamiento, son los más rechazados,
con dificultad para concentrarse y reaccionan mediante conductas agresivas e
irritantes. Debido a todas estas características, se les denominan como
personas provocadoras.
Referencia bibliográfica:
Referencia bibliográfica:
Díaz-Aguado,
M.J. (2005). Por qué se produce la violencia escolar y cómo prevenirla. Revista iberoamericana de educación, 37,
pp.20-24.

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